miércoles, 27 de abril de 2011

Capitulo 3

En veinte minutos todos habían apilado destartaladamente el armamento de la Cruz Negra dentro del viejo camión, las furgonetas y los coches. Lucas y yo nos aseguramos de montar en la furgoneta que Dana conducía y Raquel se sentó en el lado del copiloto. Con el resto de la furgoneta llena del equipo del grupo, comenzamos por nuestra cuenta el viaje.
“¿A dónde vamos?” Grité a Dana, por encima del sonido de la radio.
Dana salió para unirse a la caravana. “¿Has estado alguna vez en la ciudad de Nueva York?”
¿Es una broma, no? Nadie estaba bromeando. Lucas me echó una mirada confusa como si no entendiera porque me parecía tan raro. Yo intenté explicarlo. “Chicos, vosotros cargáis con todas estas armas a vuestro alrededor y salís a atacar vampiros. ¿En una gran ciudad como esa la gente- ya sabéis- no se entera?”
“No” Dijo Dana. “Ella no ha estado en Nueva York antes”.
Raquel rió mientras golpeaba con el puño el salpicadero en sincronía con la canción. “Te va a encantar, Bianca” Prometió. “Mi hermana Frida solía llevarme a Manhattan una vez al año. Hay todas estas fantásticas galerías, arte tan extraño que no puedes creer que alguien lo haya soñado alguna vez”.
“No vamos a tener mucho tiempo para gastarlo en museos” Dijo Dana. El tamborileo de Raquel vaciló pero sólo por un momento; tan pronto como el estribillo empezó de nuevo, ella estaba aporreando el salpicadero tan fuerte como siempre.
“Todavía parece extraño” le dije a Lucas. “¿Cómo se supone que vamos a encontrar un sitio allí?”
Él dijo “Tenemos amigos en Nueva York. Es la casa de una de las más grandes células de la Cruz Negra en el mundo, y ellos tienen un gran extensión de apoyo a la red”.

“En otras palabras” dijo Dana por encima de la música, “esos tíos están cubiertos de pasta.”
Bromeé “¿Qué, viven en áticos lujosos?”
“No exactamente” dijo Lucas “pero deberías ver su arsenal. Creo que no existen armas que tengan el potencial de fuego que las que posee la célula de Nueva York.”
“¿Cómo es que la célula de Nueva York es tan grande?” pregunté. A pesar de la seriedad de nuestra situación podía sentir levantarse mi humor con cada milla que conducíamos. Se sentía tan bien estar en movimiento. “¿Por qué no son ellos como el resto de vosotros?”
“Porque Nueva York es una ciudad con un serio problema vampírico“Lucas parecía rígido. “Los vampiros llegaron allí casi tan pronto como lo hizo el alemán, antes del 1600”. “Ellos están atrincherados en esa área – gran poder, principal influencia. Esa célula de la Cruz Negra necesita todos los recursos que pueda conseguir para resistir contra ellos. En realidad, esa fue nuestra primera célula en el Nuevo Mundo. Al menos eso es lo que nos dijeron. No es como aparecemos en los libros de historia.”
Pensé en los vampiros en la antigua Nueva Amsterdam y luego en Baltazar y Charity, que habían estado vivos entonces. Cuando Baltazar me había hablado sobre su crecimiento en la América Colonial. Yo había pensado que sonaba tan inexplicablemente viejo, tan misterioso e impresionante. Era extraño pensar que la Cruz Negra también llegara tan atrás en el tiempo.
Raquel debía haber estado pensando en la misma línea, porque ella preguntó “¿Es eso cuando la Cruz Negra fue fundada? ¿Los años mil seiscientos?”
Dana se rió de ella “Prueba unos mil años antes.”
“No jorobes” dije. “¿De verdad?”
“Empezó en el Imperio Bizantino,” dijo Lucas. Yo intenté recordar con esfuerzo quienes eran los Bizantinos – Creía que eran los que venían después del Imperio Romano pero yo no estaba segura. Imaginé el disgusto de mi madre si ella se enteraba de que vaga era con esto: algunas hijas de profesores de historia lo eran. “Primero la Cruz Negra era la guardia de Constantinopla. Pero pronto se extendió por toda Europa, luego a Asia. Fue a las Américas y a Australia junto los exploradores. Aparentemente los reyes y reinas solían insistir en que al menos un cazador viajara en cada expedición.”
Este último trozo captó especialmente mi atención. “¿Reyes y reinas? ¿Quieres decir qué el gobierno sabe sobre vosotros?” Yo intenté imaginar a Lucas como un tipo de agente del Servicio Secreto Paranormal. No se alejaba mucho de la realidad.
“No, ya no” Lucas apoyó la frente contra la ventana de su lado. La autopista se curvó, tan rápido que el borde de la carretera se desdibujó. “Chicos, supongo que sabéis que los vampiros no estuvieron bajo tierra más allá de la Edad Media. “
Le envié a Lucas una mirada ingenua que quería decir, “cállate, ¿no?” Él me miró apropiadamente culpable. Obviamente, él casi había dicho que fueron subterráneos – en otras palabras, había estado cerca de referirse a mí como un vampiro delante de Dana y Raquel. Esto había sido sólo un resbalón de la lengua pero era todo lo que bastaba.
Por suerte, ni Dana ni Raquel lo habían captado. Raquel dijo “Entonces los vampiros engañaron a la gente por no creer en ellos. Eso significaba que podían moverse más libremente – y aquella Cruz Negra no sería muy poderosa. ¿No? ”
“Lo has pillado, sabelotodo” Dana frunció el ceño hacia la carretera por delante de nosotros. “Maldita sea, el grupo de Kate llevaba ventaja. ¿Quiere que nos pongan una multa a todos? ¡No podemos romper la formación!“
Lucas fingió que no oía sus maldiciones sobre su madre. “De cualquier manera, nosotros ya no conseguimos grandes subvenciones de la corona. Hay gente que sabe lo que hacemos. Algunas de estas personas tienen dinero. Ellos nos mantienen a flote. Así es más o menos como es.”
Imaginé a Lucas como la figura que él podría haber sido en la Edad Media – resplandeciente en un traje con armadura, honrado por su duro trabajo y valor con banquetes en las más grandes cortes en la tierra. Entonces me di cuenta de cuánto habría odiado eso, ponerse elegante y ser agradable en sofisticadas fiestas. No, decidí, pertenece aquí, justo ahora. Conmigo.
“Hey” dijo Dana. “A las once en punto, compruébalo.”
Entonces vi que estaba llamando nuestra atención hacia: la silueta de la Academia Medianoche en el horizonte.
No estábamos tan cerca. Medianoche estaba lejos de cualquier autopista, y Kate y Eduardo no eran lo suficientemente temerarios como para arrastrarnos al terreno de la señora Bethany de nuevo. Pero Medianoche tenía una distintiva silueta ya que era un enorme edificio gótico con torres altas por encima de las colinas de Massachussetts. Incluso en la distancia con el colegio no siendo más que un escarpado contorno, lo reconocimos. Estábamos lo suficientemente lejos para que el daño del fuego fuera invisible. Era como si la Cruz Negra hubiera fallado al tocar el colegio del todo.
“Todavía en pie” dijo Dana. “Maldición”
“Lo conseguiremos algún día” Raquel aplastó una mano contra su ventana como si quisiera dar un puñetazo a través del cristal y derribar el colegio ella misma. Este momento, justo ahora, era posiblemente lo más cerca que podría estar alguna vez de mis padres otra vez.
Yo había llegado a estar tan enfadada durante mis últimos días en Medianoche. Ellos nunca me habían contado que las apariciones jugaban un papel en mi nacimiento, o que ellos podrían venir a por mí algún día debido a eso. Durante un año había estado literalmente acosada por fantasmas que parecían creer que era suya, y todavía no sabía que podía significar. Mis padres se habían negado también a decirme si tenía alguna oportunidad más que convertirme en un vampiro completo algún día. Después de conocer algunos de los vampiros que realmente eran locos asesinos, había decidido averiguar si era posible para mí vivir una vida normal siendo humana. Todavía no se la verdad, ¿Qué va a pasar conmigo? No tener ninguna respuesta era tan terrorífico que intenté no pensar en ello, pero la oscura incertidumbre tiraba de mí ahora casi todo el tiempo.
Todavía cuando alzaba la vista hacia el colegio, ambos miedo y furia se desvanecían. Recordé cuan cariñosos Mamá y Papá eran y cuan unidos estábamos no mucho tiempo atrás. Tantas cosas me habían pasado en los pasados días y ninguna de ellas parecía enteramente real si yo no podía contarles a mis padres sobre ella. Yo sentí un poder, un impulso casi irresistible de saltar de la furgoneta y correr hacia Medianoche, llamándolos.
Pero yo sabía que nunca podría volver a las cosas como eran antes. Demasiado había cambiado. Había estado obligada a elegir un equipo y elegí la humanidad, la vida – y a Lucas.
Lucas cogió un mechón de mi pelo entre sus dedos, suavemente examinó si yo necesitaba o no comodidad. Yo apoyé mi cabeza contra su hombro, y durante un rato no dependimos de que nadie hablara, sólo la música sonando. Cada indicador de una milla me recordaba que nos alejábamos del último hogar que tendría y de la persona que solía ser.
Parábamos a echar gasolina y hacer descansos para ir al baño ocasionalmente, pero sólo tomamos un descanso largo una vez durante el viaje para comer.
Mientras Dana y Raquel se unían a la aglomeración de gente amontonada en un lugar de comida rápida mejicana, Lucas y yo pedimos ir a un comensal debajo de la calle. Por supuesto nosotros queríamos unos minutos a solas, pero incluso más yo necesitaba estar con Lucas, yo necesitaba comer – más específicamente, beber.
Lo primero que dijo Lucas cuando ya estábamos andando fuera de la multitud por un borde de la calle, solos por fin, fue: “¿Cómo de hambrienta estás?”
“Tan hambrienta que puedo oír tu corazón latiendo” Y parecía que podría probar la sangre de Lucas en mi lengua. Probablemente mejor no mencionar eso. La luz ahora me taladraba duramente, severa ahora que había estado sin sangre durante varios días. Yo nunca había estado sin ella durante tanto tiempo.
“Piensa en el comensal – tal vez la carne cruda tendría algo de sangre, podríamos entrar a hurtadillas por detrás allí”
“Eso no sería suficiente. Además, yo sé lo que hacer.” Estaba todavía de pie, mirando el balanceo de la hierba junto a la autopista qué era azotada para acá y para allá por la corriente de los coches al pasar. Un petirrojo picoteó en la suciedad, buscando gusanos entre los tapones de botella y las colillas.
“¿Bianca?”
Yo no podía mirar nada que no fuera el petirrojo ni pensar en otra cosa que no fuera su sangre. La sangre del pájaro es clara, pero está caliente.
“No mires” susurré. Mi mandíbula me dolía. Mis colmillos se deslizaron dentro de mi boca, afiladas puntas contra mis labios y mi lengua. Aunque estábamos situados en la brillante luz del sol, todas las cosas a mi alrededor parecieron volverse oscuras, como si el petirrojo fuera el centro de atención, moviéndose a cámara lenta.
Rápida como un vampiro, me abalancé sobre él. El pájaro revoloteó en mis manos durante sólo un momento antes de que mordiera su carne.
¡Sí, eso es, sangre! Bebí los pocos sorbos de sangre que el petirrojo tenía para ofrecerme con los ojos cerrados de placer. Cuando estuvo seco y muerto en mis manos, lo dejé caer mientras me limpiaba la boca con la parte de atrás de mi brazo. Sólo entonces me di cuenta de que acababa de hacer eso justo delante de Lucas. La vergüenza me golpeó cuando pensé que salvaje debía haber parecido y que disgustado debía estar Lucas conmigo.
Pero cuando sin decisión levanté mis ojos hacia él, Lucas estaba vuelto de espaldas – justo como yo le había pedido. No había mirado. Sintiendo que estaba hecho, se dio la vuelta y me sonrió suavemente. Cuando entendió el miedo que yo sentía, sacudió la cabeza.
“Te quiero” murmuró. “Eso significa que no estoy aquí sólo para las partes bonitas. Estaré aquí pase lo que pase.”
Iluminada de alivio, cogí su mano y caminé con él hasta el bar. Estábamos sin blanca y yo vestía unas ropas que no eran de mi talla, estábamos en el borde de una autopista en el medio de la nada – pero en este momento yo me sentía más preciosa que ninguna princesa, supermodelo o cualquier otra cosa. Yo tenía a Lucas que me amaba pasase lo que pasase. Eso era todo lo que yo necesitaba.
Comimos rápido en el bar. Lucas estaba hambriento y yo necesitaba también comida regularmente. Entre bocados de patatas fritas, intentamos solucionar lo que podríamos hacer con nuestros preciosos pocos momentos de tiempo libre.
“¿Podemos localizar un ciber café, tal vez?” Podría enviar un e-mail a mis padres.
“No. N.O. Primero, aquí no hay manera de que nosotros encontremos un ciber café. Segundo, no les puedes mandar un e-mail. Puedes llamarlos una vez sepas donde están, pero no desde un móvil u otra cosa que pueda llevarles hasta nosotros. Puedes enviar una carta. Pero no un e-mail. Esta es otra orden de la Cruz Negra no podemos desobedecerla.”
Lucas afirmó que había una diferencia entre desobedecer órdenes y romper reglas estúpidas, pero tras un segundo, yo no pude verla. Todo lo que yo quería era averiguar qué había pasado la noche que ardió Medianoche.
Primero quise usar el móvil de Lucas, pero él señaló que entonces la Cruz Negra podría rastrear la llamada. Por suerte, una vez hubimos terminado de comer, encontramos un sitio de teléfonos de pago al lado del bar. Los dos primeros que cogí no tenían tono de llamada y la cuerda del tercero había sido cortada pero el cuarto funcionaba bien. Tan pronto como oí el tono de llamada sonreí aliviada. Cero para el operador. “A cobro revertido” dije buscando el número que quería en la lista de contactos del teléfono de Lucas. “Diga que es Bianca Olivier.”
Siguió un silencio. “Ha colgado” dije.
“En las llamadas a cobro revertido hay una pausa.” Lucas permanecía de pie junto a mí apoyado contra la pared de plástico de la cabina. “Ellos no quieren que le grites tu mensaje a la otra persona antes de que hayan aceptado el cobro.”
La línea de teléfono hizo clic, y oí una voz somnolienta decir: “¿Bianca?”
“¡Vic!” Boté arriba y abajo sobre mis talones y Lucas y yo compartimos una enorme sonrisa. “¡Vic estás bien!”
“Sí, sí. Whoa, espera un segundo. Todavía estoy algo así como levantándome aquí. ” Podía imaginar a Vic sujetando el teléfono contra su cara, contra una horrible cara de dormido, en medio de una habitación extremadamente desordenada, rodeada con sus posters. Probablemente, tenía estrambóticas sábanas de cuadros escoceses o lunares. Bostezó, entonces, más alerta, preguntó: “¿Estoy soñando otra vez?”
“No es un sueño. Soy yo. ¿No fuisteis heridos en el incendio?”
“No, nadie salió gravemente herido, lo que fue una suerte. Aunque perdí mi expresivo casco. ” Vic obviamente consideraba esto una gran tragedia. “¿Qué hay sobre ti? ¿Tú estás bien? Después de que apagaran el fuego, estuvimos intentando encontrarte como locos. Varias personas dijeron que te vieron en el campo así que sabíamos que habías salido del colegio pero no podíamos imaginarnos a donde habías escapado.”
“Estoy bien. Estoy con Lucas.”
“¿Lucas?” No me extraña que Vic sonara atónito. Hasta lo que él sabía, Lucas y yo habíamos rotos hace unos meses. Nosotros habíamos mantenido nuestra relación en secreto desde entonces. “Esto se está volviendo totalmente subrealista. Es sólo un sueño. Me voy a volver loco.”
“No estás soñando” gritó Lucas. Su oído era lo suficientemente agudo para escuchar la conversación, a pesar de que él permanecía un metro alejado del auricular. “Entérate, tío. ¿Qué haces dormido a las once de la mañana?”
“Deberías acordarte, soy el búho de la noche por excelencia. Dormir hasta el mediodía no es sólo mi derecho sino mi responsabilidad” dijo Vic. “Además como dice la vieja canción, fuera del colegio en el verano, fuera del colegio para siempre.”
Di un grito ahogado “¿Para siempre?¿Eso quiere decir qué la Academia Medianoche fue destruida?”
“Destruido, no. La señora Bethany juró que lo abrirá para el otoño aunque no sé cómo. Quiero decir, ese sitio era una antorcha.”
Las preguntas más duras venían después. Sujeté con fuerza el auricular, dispuesta a que mi voz no temblara. “¿Mis padres están heridos? ¿Los has visto?”
“Están bien. Te dije que todo el mundo había salido bien. Tu madre y tu padre no se quedaron atrapados en el fuego. De hecho, ellos nos ayudaron a buscarte. Ellos estaban bastante impresionados, Bianca.”
Eso era tan cerca como Vic podía hacerme sentir culpable. Sin embargo, yo no podía sentir realmente el impacto; estaba demasiado eufórica por saber que mis padres habían sobrevivido al ataque de la Cruz Negra.
“¿Sabes dónde están?” Yo no creía que ellos fueran muy lejos de la Academia Medianoche. Mis padres permanecerían cerca de los campos – mayormente porque estarían esperando a que yo volviera. Sabía que no podía hacerlo, pero odiaba pensar en ellos esperándome allí.
“Ellos se estaban quedando en las cercanías del colegio la última vez que les vi”, dijo Vic.
No para llamarles – mis padres habían intentado duramente adaptarse a la vida moderna pero no lo habían conseguido lo bastante como para tener móviles.
“¿Y qué hay de Balthazar?”
Lucas frunció el ceño. Él tenía algunos problemas con Balthazar, primero porque era un vampiro, y segundo porque él y yo teníamos una historia. Estaba terminado entre nosotros – honestamente casi no había empezado – pero eso no significaba que yo no estuviera aún preocupada por él.
“Balty está bien” respondió Vic. “Aunque estaba muy disgustado tras el incendio. Creo que debió ser porque estabas desaparecida. El chico estaba muy pillado.”
“No era por mí” dije tranquilamente. Mi humor se oscureció, como si el peso de algo que había perdido se hubiera establecido por encima de mí, y me dejé caer contra la cabina, súbitamente cansada.
“Vale, vale. Olvídalo”
Lo que Vic no sabía ni podía saber era que la aflicción de Balthazar era debida a su hermana, Charity, quien había planeado el ataque a la Cruz Negra. Charity era la persona más importante en el mundo para Balthazar, y, por raro que parezca, pensé que él era lo mismo para ella. Esto no la pararía de intentar herirle a él, o a cualquiera que le fuera cercano, incluyéndome a mí.
Vic que estaba más despierto a cada minuto, dijo, “¿Y Raquel? Fue la única que no pudimos encontrar. ¿Está contigo, quizá?”
“Sí, en realidad está conmigo. Está bien. Haciéndose grande.”
“¡Genial! Eso significa que todos salimos bien. Un milagro total.”
“¿Dónde acabó Randulf?” pregunté.
“Se está quedando en nuestra habitación de invitados ahora mismo. ¿Quieres que le traiga?”
“Está bien. Estoy contenta de que él esté bien” Lucas y yo compartimos unas sonrisas sorprendidas. Si Vic sabía que había invitado a un vampiro a quedarse en su casa, probablemente no estaría durmiendo hasta tan tarde- después de todo. Afortunadamente Randulf era demasiado templado para causar algún daño. “Escucha, tenemos que irnos. Pero, estaremos en contacto.”
“Jo, tío, no puedo tratar con gente misteriosa a primera hora de la mañana.” Vic suspiró, entonces dijo, tranquilamente “Llama a tus padres. Solo… lo necesitas, ¿vale?”
Un nudo subió por mi garganta. “Adiós, Vic.”
Después de colgar, Lucas cogió mi mano. “Como dije, hay maneras de que consigas ponerte en contacto si tu quieres.”
Había estado tan asustada por Mamá y Papá que no me había parado a pensar lo asustados que ellos debían haber estado por mí.
Debía verme afligida, porque Lucas me dio un rápido abrazo. “Nos comunicaremos con ellos pronto. Puedes escribirles o algo. Todo va estar bien.”
“Lo sé. Sólo que es duro.”
“Sí.” Nos besamos – un beso sencillo pero el primero que compartíamos con algo de privacidad en mucho tiempo. En ese momento nuestro agotamiento y preocupación no nos detuvo; estábamos juntos de nuevo, solos otra vez, recordando todas las cosas que habíamos dejado para estar juntos – y deleitándonos con ello.
Sus brazos se enrollaron fuertemente alrededor de mí mientras se inclinaba sobre mí hacia detrás. Sentí balancearse todo el mundo excepto él. Si esperaba por él, nunca estaría equivocada.
Lucas es mío, pensé. Mío. Nadie puede quitarle eso.
Para cuando llegamos a Nueva York era de noche. Cuando vimos por primera vez Manhattan en la línea del horizonte, todos chillamos y vitoreamos. Parecía bastante espectacular. Para mí, Nueva York era más como un lugar mitológico que real – era donde todas las películas y programas de televisión sucedían y debíamos buscar los nombres de las calles mientras conducíamos recibiendo un toque mágico de ellas: calle número 42 con Broadway.
Entonces recordé que Manhattan es una isla, y temblé ante la idea de tener que cruzar un río de nuevo. Pero en su lugar condujimos a través de un túnel lo que era excelente. Por alguna razón ir por debajo del agua era diferente. Deseé preguntar a mis padres por qué.
Salimos del túnel prácticamente en frente de Times Square que relucía y brillaba tanto que yo resplandecía. Los otros se rieron de mí, pero yo podía distinguir también en ellos el mismo tipo de emoción.
Pero resultó que después de una docena de bloques, Broadway ya no era tan lujoso. Las brillantes luces se atenuaron y conducíamos por delante de un edificio de apartamentos tras otro, montones de ellos se alzaban alrededor de nosotros como murallas. Las tiendas cambiaron de boutiques de cosméticos de lujo o restaurantes familiares a tiendas de 99-cents y locales de comida rápida.
Por fin, la caravana entró dentro de un parking, en el que se fijaban sus increíblemente caros precios fuera. El encargado nos saludó con la mano, así que no tuvimos que pagar. El garaje estaba definitivamente sucio y fuera del camino, así que su tarifa era demasiado alta – y seguramente suficiente, no parecía haber otros coches aparcados dentro.
Eché un vistazo a Lucas, que dijo, “Bienvenida al cuartel general de Nueva York.” Todo el mundo bajó de las furgonetas y camiones lentamente. No habíamos parado a estirar nuestras piernas en el viaje sólo algunos muy breves descansos para gasolina y baño antes de comer. Fuimos conducidos dentro de un enorme ascensor industrial, el cual se hundía hacia abajo. Las paredes del ascensor eran grises, de acero rayado y la luz en lo alto se movía entrecortadamente.
Me sentía nerviosa, cogí la mano de Lucas. Él cerró con fuerza mis dedos entre los suyos. “Esta parte va a estar bien”, dijo él. “Lo prometo.”
No es para siempre, me recordé a mí misma. Sólo es hasta que Lucas y yo tengamos una oportunidad de hacer planes. Pronto seremos libres y todas las cosas estarán bien de nuevo.
Las puertas del ascensor se abrieron revelando una caverna, y yo di un grito ahogado. El alto y curvado techo estaba iluminado por cuerdas de estas luces de construcción revestidas de plástico que se usan en los lugares de trabajo. Se oía el eco por todas partes del arqueado espacio. Parpadeé como si divisara las siluetas de la gente más lejos de nosotros. Todos ellos parecían estar en una especie de trinchera que recorría por todas partes la cueva. Mis ojos se ajustaron a la penumbra y entonces me di cuenta de que esto no era una caverna. Estábamos en un túnel del metro. Este túnel tenía que haber sido abandonado hacía mucho tiempo. El suelo de tablones y bloques de hormigón se situaba donde debían haber estado las pistas, y se podían ver unas pocas pasarelas pequeñas que conectaban dos plataformas de ambos lados del túnel. Un letrero de azulejo agrietado en una pared decía, en un estilo anticuado, Sherman Ave.
Al principio estaba tan alucinada por nuestra nueva guarida que no me fijé en que callado se había vuelto el resto del grupo. Todos ellos permanecían inmóviles, sin decir nada. Yo no era la única insegura de mi recibimiento, aparentemente.
Una elegante mujer asiática, unos años mayor que Kate, caminó hacia nosotros con dos hombres musculosos – yo quería llamarlos guardas - a cada lado. Su pelo canoso se estiraba hacia atrás en una apretada y larga trenza, y cada músculo en sus brazos y piernas estaba herido. “Kate” dijo ella. “Eduardo. Lo hicisteis, veo.”
“Saludos” dijo Eduardo. ”¿Está todo el mundo demasiado ocupado para decir hola?”
“Todo el mundo está demasiado ocupado para oír tu excusa por ese ridículo asalto a Medianoche” soltó con brusquedad. Me di cuenta que la gente estaba en la distancia ignorándonos deliberadamente.
Los ojos de Eduardo ardieron. “Nosotros teníamos noticias de que los estudiantes humanos estaban en peligro inmediato.”
“Tenías la palabra de un vampiro contra siglos de experiencia que dicen que los vampiros de Medianoche no matan mientras estén allí. Y usaste eso como una excusa para dirigir un ataque que podría haber costado las vidas de tantos chavales como vampiros. La única razón de que no fuera así se debe a que tuviste suerte.”
Kate miró como si quisiera defender a su marido, pero sólo dijo “Para aquellos que no la conocen, esta es Eliza Pang. Dirige esta célula y nos recibirá durante una corta estancia.”
Estamos aquí por caridad, me di cuenta. No me importaba mucho - esto no era algo que yo hubiera elegido, o de lo que fuera a ocuparme mucho tiempo – pero sabía que Lucas odiaba aquello. Seguramente, había apretado su mandíbula y estaba mirando impávido el cemento bajo sus pies. Me pregunté si lo detestaba más por su bien o por el de su madre. Tendríamos que hablar sobre ello más tarde.
No antes de haberlo pensado Eliza dijo “Eduardo dice que tenéis dos nuevos reclutas. ¿Dónde están?”
Raquel dio un paso hacia delante. “Raquel Vargas. Soy de Boston. Cualquiera de los chicos puede enseñarme, quiero aprender.”
“Bien” Eliza no sonrió, exactamente – ya encontré raro imaginarla alguna vez sonriendo – pero ella parecía satisfecha. “¿Quién más?”
No quería dar un paso hacia delante, pero no había realmente ninguna manera de evitarlo. “Bianca Olivier. Soy de Arrowwood, Massachusetts. Yo – um -” ¿Qué es lo que se supone que tengo que decir? “Gracias por recibirnos”
“Tú eres sobre la que Kate nos contó” dijo Eliza. “La que se crió con vampiros.”
Genial. “Esa soy yo.”
“Apuesto a que podemos aprender mucho de ti” aplaudió Eliza. “Bien, el resto de vosotros, hemos montado literas en el otro extremo de las pistas. Valdrán por ahora. Novatos, seguidme.”
¿Seguirla a dónde? Eché a Lucas una rápida mirada preocupada, pero obviamente él no sabía sobre esto nada que yo no supiera. Cuando Eliza se marchó, Raquel fue con ella y yo no tuve más remedio que ir sola.
“¿Vamos a empezar nuestra formación ya?” dijo Raquel mientras las tres caminábamos más lejos a lo largo de la plataforma de metro.
“¿Impaciente?” Por el sonido de su voz, Eliza aparentemente no creía que Raquel estuviera tan ansiosa una vez que viera lo que estaba en juego. “No, habéis tenido un gran día. Podéis empezar por la mañana.”
Llegamos hasta el final de la plataforma, y Eliza nos guió dentro de lo que evidentemente había sido un pasillo de servicio. Olía a barro y óxido, y podía oír el agua gotear en la distancia. Un pequeño letrero amarillo me informaba de que esto podría usarse como un refugio nuclear. Bueno saberlo.
Pregunté “¿Entonces dónde vamos? ¿Por qué no estamos con los otros?”
“Tenemos unos camarotes permanentes situados aquí. No son muy lujosos pero superan al infierno de literas que el resto de tu célula tiene. Vosotras estaréis viviendo con nosotros, veinticuatro/ veintisiete.”
“¿Por qué tenemos esos?” Casi tropecé con el cemento roto, irregular por debajo de nosotras, pero Raquel atrapó mi codo. “¿Por qué no son para Kate y Eduardo?” Me pregunté si era porque Eduardo había caído en desgracia y sus alojamientos de mala calidad eran un castigo. Era injusto castigar a Lucas, Dana y los demás por el error de Eduardo.
En lugar de eso, Eliza dijo “Sois nuevos en la rutina. No conocéis esta vida y nosotros no os conocemos. Viviendo en cuartos cercanos nos aseguramos de que aprendáis todo acerca de nosotros y de que nosotros aprendamos todo de vosotras.”
Encontrar oportunidades de beber sangre sería difícil en este ambiente. Si no bebía sangre con la suficiente frecuencia, reaccionaría mucho más a la luz del sol, al agua, a las iglesias – y cada reacción tenía el potencial de señalarme como un vampiro. ¿Cómo se suponía que iba a guardar el secreto?

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